El Sol evapora el agua, ese vapor forma las nubes y éstas se transforman en lluvia. Es la idea que aprendimos desde la escuela primaria. Entonces, ¿para qué sirven los páramos?
Un páramo es una especie de "condensador" de la humedad atmosférica. El aire que llega a los páramos está densamente cargado de humedad. En el páramo las nubes están a ras del suelo. Los pajonales del páramo, la microvegetación, los frailejones y romeros, todas esas plantas que en apariencia "no producen nada", se han especializado en arrebatarle humedad al viento, en convertir las nubes en gotas casi imperceptibles de rocío y así forman hilos de agua que se almacenan en las turberas y en las lagunas del páramo (la turba es un carbón que se forma por la acumulación centenaria y milenaria de hojas podridas).
El agua que nace en los páramos depende de su vegetación, que en apariencia no produce nada; depende de los suelos húmedos y pobres del páramo, que no sirven para la agricultura pero son una esponja antiquísima que sustenta a los musgos y atrae y regula el agua; también depende de las hermosas y misteriosas lagunas que la guardan y dan nacimiento a pequeñas quebradas que se juntan formando riachuelos cristalinos.
Cuidar y respetar el agua del páramo implica cuidar y respetar el páramo íntegro. La sola construcción de una carretera es como una larga herida infecciosa que le produce erosión, separa a las especies vegetales y aísla a la pequeña fauna.
La minería a cielo abierto convierte las montañas en descarnadas mesetas; utiliza las fuentes de agua como materia prima de la industria; transforma la madera y los minerales en insumos de la producción; esparce el polvo en derredor como un manto gris que deseca la vegetación paramuna y espanta el agua; sacude incesante la roca madre formando grietas que cambiarán inexorablemente el curso de las aguas subterráneas...

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